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Esto pasaría si volvieran a crecer los bosques talados de la Amazonía
La mayoría de discusiones científicas de los últimos años se han concentrado en qué pasaría si se acaban los 6 millones de kilómetros cuadrados de bosque que componen la Amazonía, y que son vitales para la salud del planeta, y con razón. De acuerdo con Thomas Lovejoy, el llamado ‘padre de la biodiversidad’, “la ciencia necesita entender y, a lo mejor, hacer frente a distintas amenazas a la biodiversidad y hábitats de la Amazonia”.
Esta semana (y por primera vez en la historia de los estudios sobre el cambio climático) una investigación se hizo la pregunta opuesta: qué pasaría si dejáramos crecer árboles en las parcelas de la región que hoy están dedicadas a la agricultura, la ganadería, la extracción de madera o que son simplemente pastizales. Es decir, ¿qué pasaría si reforestamos la selva que hemos talado?
La investigación publicada en un dossier que la revista Science Advances dedicó a la región del Amazonas calculó que, para 2008, 1.7 millones de kilómetros cuadrados de bosque en la región estaban dedicadas a los cultivos y 1.2 millones de kilómetros cuadrados eran pastizales para ganadería o simplemente tierra deforestada. Entre ambas, suman el equivalente a la extensión de Colombia y Panamá.
Apenas 4 millones de kilómetros de bosques tenían más de 100 años, es decir que no se han talado. La mitad de estos bosques están en la Amazonía Brasileña, y el resto se reparte entre Colombia, Venezuela, Bolivia y Perú.
Sabiendo esto, los investigadores proyectaron que nos ahorraríamos en gases de carbono lo mismo que emitieron los 46 países de América Latina y el Caribe entre 1993 y 2014. En otras palabras, si dejáramos que estas parcelas crecieran durante 40 años hasta convertirse en 2.4 millones de kilómetros cuadrados de selva tropical salvaje, sin intervención humana, podrían retener 15.6 mil billones de gramos de carbono. Un 18.3% más del total de gases de carbono que hoy procesa el bosque amazónico.
Aunque este es el estudio más extenso y exacto que se ha hecho sobre el tema hasta el momento –según escribió Lovejoy en Science Advances– estas cifras no son definitivas. El modelo que inventaron 60 investigadores de todo el mundo hizo cálculos a partir de un escenario ideal en el que se le permitiera al 100% de los bosques estudiados volver a crecer. En ese sentido, acumularían biomasa y así mismo, retendrían carbono. Si fuese así, los bosques que tengan menos de 20 años capturarían 2 veces más carbono que ahora, y los adultos, 1.2 veces más.
El estudio advierte que la cifra podría aumentar porque el potencial de secuestro de carbono de los bosques reforestados está subestimado. Bajo tierra, las reservas de carbono en suelos y raíces inflarían la cifra un 25% más. Todo lo anterior son buenas noticias para la lucha contra el cambio climático.
¿Cómo lo midieron?
La cantidad de carbono que tiene un bosque se puede medir a partir de cinco factores: la biomasa aérea (que se encuentra en el tronco, las ramas y frutos de los árboles), la subterránea (que está en las raíces), la del suelo y la de la hojarasca que se encuentra sobre este y la de los árboles que ya murieron pero siguen en pie.
Para poder hacer el cálculo, los investigadores tomaron un mapa de 2008 de la biomasa aérea de la región para calcular la edad de los árboles en 1.148 parcelas de bosque con potencial de ser reforestados que aparecen en el mapa, a través de una ecuación que relaciona la biomasa (es decir, qué ecosistemas hay en ese terreno) con el clima y la edad de cada árbol. El área que estudiaron suma 8.7 millones de kilómetros cuadrados, casi el equivalente a todo Brasil, e incluye toda la selva amazónica y las parcelas de bosque de Guatemala, Panamá y México.

La Sierra Nevada de Santa Marta tendría 585 mil hectáreas más libres de minería

El pasado jueves 23 de noviembre entre mil y dos mil indígenas arhuacos marcharon en Valledupar, Cesar, protestando por los títulos mineros que había en su territorio. Desde hace un mes habían llegado a esa ciudad, con el propósito de hacer una movilización permanente. Según la Confederación Indígena Tayrona, en el territorio ancestral de la Sierra Nevada de Santa Marta había más de 400 proyectos mineros con licencias ambientales otorgadas sin consulta previa.
Para atender la situación y entablar un diálogo con las comunidades, una comitiva del Gobierno viajó hasta la capital vallenata. De ella hacían parte los ministros de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, y del Interior, Guillermo Rivera.
Tras reunirse con los pueblos que protestaban, Murillo dio a conocer a través de un video en Twitter una de los acuerdos a los que habían llegado: “El Gobierno Nacional tiene el propósito de tener una Sierra Nevada de Santa Marta libre de minería. Por eso hemos tomado la decisión de congelar cerca de 585 mil hectáreas para que en esa zona no se dé ningún título minero o una concesión minera. Vamos a crear unas zonas de protección”, aseguró.
De acuerdo al ministro de Ambiente, con esa protección, los territorios libres de minería sumarán cerca de un millón de hectáreas si se tienen en cuenta las 400 mil que conforman el Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta.
“Es una decisión muy importante que garantiza que conservemos ese ecosistema para la región, el país y la humanidad. En ese sentido, invitamos a los 4 pueblos de la Sierra a que nos sentemos en un diálogo directo”, dijo Murillo.

Según datos del Consejo Territorial de Cabildos de la Sierra de Nevada, actualmente hay 285 títulos vigentes y 132 proyectos en marcha. El gran temor que tenían las comunidades es que esas intenciones de explotación afectaran más de 300 fuentes hídricas. 

Tomado del espectador

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